Las heridas emocionales por maltrato físico o verbal sufrido durante la infancia, dejan huellas de profundo daño y si no se trabaja para sanarlas, se seguirá viviendo el maltrato, sea en forma activa o pasiva durante el resto de la vida.

Violencia-aprendida

Las experiencias vividas en la infancia constituyen la base psicológica y emocional de todo ser humano. Pues hasta los 8 años de edad aprox. el aprendizaje ocurre a partir de todo lo que hemos visto, escuchado, sentido, percibido e interpretado, pues los niños si bien hablan y entienden muchas palabras, lo que integran como aprendizaje y lo que se graba en su memoria inconsciente es lo que perciben a través de los 5 sentidos, pues el cerebro de los niños no ha terminado de desarrollarse y madurar completamente por eso a menudo por más que se les digan y expliquen ciertas cosas a los niños, ellos las vuelven a hacer una y otra vez, hasta que les ocurre algo, una experiencia vivencial, como una caída desde una escalera o un golpe fuerte con una puerta, entonces las palabras tantas veces escuchadas “no subas a esa escalera” o “no juegues con esa puerta”, las comprenderán y asimilarán, pues en ese momento ese montón de palabras sueltas, cobrarán sentido y entenderán lo que querían decir .

No obstante lo anterior, aunque muchas palabras y frases escuchadas durante la infancia en los primeros años no las comprendieran del todo, si se las han repetido o se las han dicho en momentos que tenían una fuerte carga emocional, aunque no las acaben de comprender del todo, o incluso ni siquiera le encuentren sentido al principio, se irán almacenando en su memoria inconsciente y luego se convertirán en creencias limitantes o empoderadoras, dependiendo de lo que les hayan repetido y cómo los hayan tatado.

En el caso del maltrato en la infancia, cuando el maltrato ha sido verbal, que es el más generalizado y por lo mismo en ocasiones menos visibilizado, todas las cosas que escucharon desde niños, serán las palabras y frases que ellos mismos repetirán el día de mañana, tanto a sí mismos, como a sus hijos, parejas, trabajadores o subordinados.

Habitualmente cuando un niño ha sido maltratado verbalmente en la infancia, tendrá tendencia a reaccionar de dos maneras cuando sea adulto: 1) muy reactivo, es decir, que ante cualquier cosa que le moleste, afecte, le cause inseguridad o perciba como agresión u ofensa, reaccionará mal, alzando la voz, golpeando cosas, perdiendo el control. Este tipo de respuestas y comportamientos suelen ser más frecuentes en hombres, aunque también hay mujeres que pueden reaccionar así, pero en menor porcentaje.

Este tipo de comportamiento se puede identificar en niños que tienen un muy mal comportamiento en la escuela y que acostumbran hacer bulling a otros que ellos perciben como más débiles o están siempre metiéndose en problemas y gritando, insultando o agrediendo a otros, incluso a los maestros. Esta es una consecuencia natural de buscar canalizar o liberar todo el daño que reciben en casa donde no pueden hacer nada, por eso lo hacen en otros entornos.

 

2) Y la otra reacción es la pasiva, que es cuando la persona ante una agresión o maltrato se quedará callada, quizás incluso baje un poco la vista, encoja los hombros y tendrá serias dificultades para responder, defenderse o decir algo. En este segundo caso, estamos hablando de la persona que fue maltratada en la infancia, que por lo mismo muy probablemente fue víctima de bulling en el colegio y era el objetivo de todas las burlas, abusos, insultos y en algunos casos también a la que golpeaban y le quitaban sus cosas en la hora de patio. Esta persona, de adulta sigue siendo maltratada, ahora por su pareja, hijos, compañeros de trabajo, jefes, la familia incluso.

 

Cuando los niños han sido maltratados físicamente, las reacciones y comportamientos seguirán la misma tendencia anterior, solo que en algunos casos, en hombres principalmente, ellos también maltratarán físicamente a sus parejas, hijos y /o mascotas.

 

Y en el otro extremo se encuentran los casos de personas, mayormente mujeres, que reciben algún golpe de vez en cuando de sus parejas o hijos y los justifican culpándose ellas mismas por algo que ellas hicieron o dijeron que puso nervioso al otro. Y les costará mucho tomar conciencia de que esas relaciones son insanas. Y les costará aún más tomar alguna medida más radical al respecto, como denunciar o demandar al agresor, porque cuando han sido golpeadas desde pequeñas, su inconsciente lo tiene completamente asumido, normalizado y lo más triste de todo es que han desarrollado una especie de resistencia o umbral de aguante a los golpes, aunque racionalmente pueden entender que eso no está bien y es inaceptable. Estos son los casos donde la persona que ha sido golpeada explica, “tampoco me pegó tan fuerte”, “pero yo me defendí” o “yo también se la devolví”.

Algunos comportamientos que se encuentran en personas que presentan heridas emocionales por maltrato físico / verbal en la infancia (estos pueden aplicar tanto para los reactivos como pasivos):

  • se dejan gritar y ningunear por la otra persona sin tomar acciones posteriores (pasivos)
  • tratan con prepotencia o desprecio a otros, sobre todo si los perciben inferiores (reactivos)
  • reaccionan con agresividad cuando se enfadan y les cuesta mucho controlarse (reactivos)
  • nunca se discuten ni pelean con nadie, tratan de minimizar cualquier situación (pasivos)
  • son muy desconfiados, siempre están a la espera de que alguien les haga algo, les insulte o los agravie (ambos)
  • suelen tener relaciones con parejas con algún tipo de adicciones y/o infidelidades (ambos)

¿Cómo se pueden sanar estas heridas emocionales por maltrato en la infancia?

Estas heridas a diferencia de las anteriores, suelen requerir sí o sí de un acompañamiento terapéutico, independiente que lo pueda complementar con lecturas, audiolibros o vídeos de YouTube.

Yo sé por la experiencia de trabajar muchos años con personas que fueron niños maltratados, que los hijos tienden a proteger y justificar las cosas más atroces de los padres por un programa inconsciente relacionado con las lealtades familiares el que actúa como capa protectora y les hace ver que mamá y papá eran buenos pero no sabían reaccionar de otra forma. Que está muy bien comprender y aceptar eso, pero si aún diciendo eso, te sigue sangrando la herida, entonces te recomiendo conversarlo con algún terapeuta que te pueda ayudar u orientar en esa línea, porque cuando no superamos y trascendemos estas heridas emocionales de la infancia, se seguirán repitiendo en las generaciones venideras de nuestro clan, aunque yo no tenga hijos, pero lo repetirán mis sobrinos, primos, hermanos, etc. Porque seguirá estando presente y latente esa energía de maltrato y se seguirán repitiendo los mismos patrones, cambiando las caras, nombres y la polaridad (maltratados / maltratadores).

 

El Coaching Emocional y el Coaching Alta Sensibilidad que yo realizo son un muy buen camino para sanar estas heridas.

Pamela Jara Gómez

Coach de Vida & Coach Alta Sensibilidad[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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